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CASSIAN KELLER

(+18 content)
nsfw, bdsm, hard kinks, explicit language.
mental illness, gang member. gore, drugs, homicides,
thefts / anger issues, orphan.


CASSIAN KELLER

  • bisexual.

  • enamoramiento lento.

  • problemas de agresividad.

  • pánico al abandono y al reemplazo.

  • demandante, obsesivo y dependiente.

  • no capta la ironía, ni el sarcasmo.

  • nunca ha tenido una relación.

  • dificultades y bloqueos para llorar.

  • le gustan los animales y es vegetariano.

  • emociones intensas y desbordantes.

  • materialmente generoso.

  • tiende a la contradicción entre ideas y emociones.

  • defensivo, altas habilidades en muay thai.

  • bueno para la botánica, tiene la casa llena de plantas.

  • vengativo exclusivamente por los suyos.

  • kinky by traumas.

  • territorial y protector.

  • dificultades en la lectura.

  • carente de cultura histórica.

  • ágil en cálculos matemáticos.

  • no le asusta lo paranormal.

▰ Orfanato.
Schneller, Alemania.

Falto de figuras materna y paterna, Cassian Keller se crió en Schneller, un orfanato de dudosa seguridad en Stuttgart, Alemania. Su único abrigo fue aquél que consideró su hermano los primeros años y del cual tan solo se separó en contra de su voluntad cuando este encandiló a una familia gracias a su buen comportamiento. El resto de compañeros tan solo hicieron de su maduración una pesadilla.

Fueron varias las opciones que solicitaron a Keller, sin embargo su conducta destructiva, sus ataques violentos y su inconsciencia sobre la gravedad de su mal carácter provocaban que siempre acabase de vuelta, con el anhelo de que fuese reformado.

A los diecisiete años obtuvo diagnóstico para aquellos rasgos límites de su personalidad y comenzó con una medicación casi experimental que estabilizó sus impulsos. Sin embargo, era tarde para él, quien ya resultaba demasiado mayor para que alguna familia quisiera sumarle al árbol. Era demasiado mayor incluso para seguir bajo aquél techo en el que había vivido desde que tenía uso de razón.

A los dieciocho, Schneller prescindió de él con la pena de aquellos tutelares que le habían tomado cariño, viendo más allá de su conducta. La mayoría de edad le dejó de patitas en la calle, inmaduro para afrontar el mundo, para entender cómo este funcionaba y, por supuesto, sin una titulación más allá que la educación obligatoria en la que ni siquiera tenía buenas notas.


El primer año fuera del centro fue el peor de todos; malviviendo, malcomiendo. No se le podía encontrar en un lugar concreto, siempre de aquí para allá, durmiendo cada noche en un lugar diferente. A veces tocaba no pegar ojo bajo un puente, otras, si había suerte, lograba colarse al interior de algún banco.
No fue hasta que su nombre comenzó a resonar entre pandillas que su calidad de vida mejoró. Ya no dormía en la calle, contaba con albergues de conocidos, lonjas y alguna que otra casa decente que estos tenían ocupada sin soltar un duro.

Pese a la mejora, su prisma para con el mundo seguía teñido de un negro profundo y como forma de evasión e influenciado por las amistades que había hecho en aquél contexto, Cassian comenzó a evadir su conflictiva realidad mediante el uso de sustancias.

La primera pelea en la que se vio involucrado detonó por la abismal tontería de una palabra mal dicha que ofendió al alemán. Tras haber dejado atrás el orfanato y llevar meses sin medicación, su agresividad volvió a aparecer, potenciada incluso por el uso de estupefacientes.

Los siguientes meses acabó quedándose solo, otra vez. No existía persona conocida con la que no hubiese tenido algún encontronazo. Keller era, en voces de otros, "una persona insoportable", sin embargo, nunca olvidaría el primer navajazo, pues fue el inicio de algo mejor.

Resonó por todas las calles aquél conflicto; el huérfano ensangrentado, agarrándose con dolor el abdomen sin sacarse la navaja, su rival en el suelo con la cara morada, entrando en coma.
Alrededor del alemán todo eran miradas de horror, tenían a la víctima en demasiada alta estima como para entender que quien aún seguía en pie estaba a punto de desplomarse. Llovieron los abucheos y empujones, Cassian tuvo que abandonar el escenario dejando un camino de sangre tras sus pies.

Un par de calles andadas con fatiga y alguien tiro de él, proponiéndole aquél trato que le cambió la vida.

POSSIBLE KINKS

DOMINANCE, DIRTY TALK, BEATING, FIREPLAY, ICEPLAY, PETPLAY, KNIFEPLAY, WAXPLAY, ROLEPLAY, PRAISING, DEGRADATION, SEXTING, SHOTGUNNING, VOYEURISM, DESPERATION, TOYS, PLUGS, DADDY / MOMMY, MASTER / MISTRESS, BONDAGE, RESTRAINTS, SENSORY DEPRIVATION, ANGRY SEX, BLOOD, OWNERSHIP / MARKING, HURT, COMFORT, WATER / RAIN, SPANKING, COLLARING, GAGGING, SPITTING, MASOCHISM, THROAT TRAINING, DEEP THROAT, SLAPS, PRIMAL SEX, CAGGING.

LIMITS !!!

  • ageplay

  • scat

  • cnc


not here, sorry.

generales

  • la propuesta que hizo su vida pegar un giro de ciento ochenta grados fue unirse a el lince, la gang mafia que hizo de él un hombre con fortuna y poder. para la líder, cassian tenía el coraje que había que tener.

  • dentro de la gang se dedica, generalmente, a gestionar el plan y llevar a cabo la acción de pequeños y grandes hurtos. su habilidad para el parkour facilita su escape de la escena.

  • nunca ha matado a nadie, pero ha visto a gente morir frente a él en manos de otros compañeros de la mafia.

en la actualidad

  • cuenta con una enorme casa propia y el dinero no le resulta una preocupación. es generoso con sus cercanos, demostrando gran parte de su afecto con detalles materiales. sabe lo que es estar en una posición humilde, por lo que no le cuesta en lo absoluto echar mano económica a quiénes lo necesitan.

  • tiene una rata como mascota, pues este se convirtió en su animal de compañía por excelencia el tiempo que vivió en la calle.

  • sigue colaborando en el lince, por lo que, ocasionalmente, desaparece sin poder dar una explicación contundente a sus cercanos. revelarles esa faceta de sí les pondría en peligro.

  • toma la misma medicación que le dieron a los dieciesiete, por lo que su carácter se ve sosegado. sin embargo, sigue teniendo una sensibilidad a detonar mayor que el resto.

EL LINCE

MÁSCARAS

𝘁𝗿𝗶𝗴𝗴𝗲𝗿 𝘄𝗮𝗿𝗻𝗶𝗻𝗴: sangre y drogas.
mención de pedofilia y abusos.


▰ 29/08/2021
Local Vergnügen, Alemania.

La tela negra y los adornos metálicos, dorados y fríos, rozaron las mejillas del alemán. La máscara estaba puesta, los guantes también.
La misión acababa de activarse y, aquella noche, Cassian entraba al interior de aquel local lleno de cerdos con dinero y escasez moral luciendo un traje morado, como había hecho todos los viernes durante las últimas semanas. Resultaba una ardua labor quitarse de encima a hombres, bastante mayores que él, acercándose con intención de comerle la oreja y otras zonas todas aquellas noches, sin embargo, sólo eran molestias colaterales con las que lidiar por un fin mejor que, por supuesto, satisfaría su cartera.

Las caras de envidia y desprecio del resto de miembros jóvenes de 𝑒𝑙 𝑙𝑖𝑛𝑐𝑒 suponían para él otro aliciente. Deseaba darles con el canto en los dientes y demostrarles que no formaba parte del meollo por ser el niño mimado de la líder. No lo era y, hasta aquella misión, había demostrado que podía adaptarse a cualquier circunstancia que se le pusiese delante.
Hans Fleischer, el objetivo del reto, había puesto el ojo encima del rubio desde hacía algunas noches. Comenzaba a darse cuenta de que frecuentaba aquel lugar y que, de no ser porque todo formaba parte de un plan, seguramente le fuesen aquellos rollos. Pero no, Keller era agresivo sin medicación o con motivo, quizá maleducado en diversas situaciones, pero no un abusador.

Aquel hombre, que rondaba los cuarenta y largos, se acercó por el camino de la barra hasta quedar próximo al cuerpo alemán. Cassian no dijo nada, apenas le miró de soslayo. Para que cayese en su red, debía ser él el cebo y sería el adverso quien haría la primera toma de contacto. Todo estaba estructurado al milímetro y fluyó como en un 𝑑𝑒𝑗𝑎 𝑣𝑢́.

— ¿Me dejas invitarte a una copa? —soltó el hombre, brindándole al de la máscara una sonrisa tan pícara como vomitiva.

— Soy un poco joven para ti ¿no? —respondió el rubio torciendo el tronco para enfocarlo en su dirección. La presa, que jamás la víctima, había rozado el anzuelo, pero tenía que tragárselo por completo y Cassian sabía de qué pie cojeaba.

— He estado con más jóvenes que tú seguro. —añadió aquella voz ronca de fumador, con un orgullo repugnante.

— ¿Y cuántos crees que tengo yo? —inquirió el rubio, inclinándose hacia él de forma sugerente, con una sonrisa juguetona que solo mostró cuando se echó hacia atrás aquel adorno que escondía sus facciones.

— Diecisiete tal vez. Los de diecisiete son los que más me gustan.

Cassian notó cómo aquel analizó al completo su cara, como si su visión fuera un escáner.

— Justo. —mintió. A sus veintitrés años no se le habría ocurrido nunca que el rostro angelical que despreciaba serviría de algo—. ¿Ronda de 𝑔𝑖𝑛𝑒𝑏𝑟𝑎?

— Te invito a lo que quieras. —respondió el contrario en un susurro proyectado con fuerza para que pudiese ser perceptible entre el ruido ambiente y le propinó una sutil palmada en el culo, antes de dirigirse al camarero para pedir.

El alemán le habría hecho una traqueotomía a navaja y sin resultado en aquel momento, le habría cortado los huevos y se habría hecho una lámpara con ellos. Sin embargo, debía tragar con aquello para demostrar su valía y lugar en el equipo, además de hacerse con una parte del dinero.

La primera copa fue la peor, sintiendo ganas, incluso, de haber aparecido borracho de antemano. Escuchar a Hans rebuznar y poner buena cara era una tarea complicada, siendo que hasta el momento sus encargos habían sido más prácticos y no había tenido que interactuar de forma directa con nadie.
Las palabras del contrario se perdían en la cacofonía fruto de las voces y la música, pero tenía la polla demasiado dura como para percatarse de que Cassian tan solo asentía sin hacerle ni puto caso. Bebía callado y afirmaba sumiso. El otro no necesitaba más, poco tardaría en proponer que abandonaran el lugar.

flashback

— Te he encargado esto a ti porque confío en que puedes sacarlo adelante. —alentó la voz de Siobhan, mirándole con una expresión entre súplica y orgullo. Estaba poniendo en él mucha responsabilidad y no quería que le fallase—. No hagas que me arrepienta.

— Lo haré bien. —respondió el rubio, ahuecando ambas manos en las mejillas impropias para sostenerle la mirada—. Volveré con la pasta y le dejaré un regalito a ese cerdo.
— Sin pruebas, Cassian. No te líes. —advirtió.

— Sin pruebas, nena. Está todo controlado, ya verás. —contestó amable, retirándole las manos antes de pasar por su lado, en dirección a la puerta.

El alemán ya daba por cerrada la conversación, cuando la pelirroja volvió a hablar.

— Y llega hasta donde tú quieras y decidas. —recordó—. No tienes que utilizar tu cuerpo ¿vale?

El más alto sonrió de forma fugaz conforme asentía. Aquello era algo que ya sabía y no tenía pensado sufrir por encima de sus límites, así que se despidió y, habitaciones más adelante, hizo lo mismo con el sastre, agradeciéndole haberle hecho por cuarta vez el mismo traje.

— ¡Como me lo traigas roto...! —amenazó en tono guasón, sacudiendo la mano al aire cuando el alemán salió del lugar.

(...)

Tercera copa y el viejo babas resultaba cada vez más inaguantable. Por suerte y como ya esperaba el menor, este abrió la cloaca para proponer algo más íntimo.

— ¿Te parece si seguimos con las siguientes copas... en mi casa?

Keller aceptó y, cuando quiso darse cuenta, cruzaba el umbral de su residencia.

Al entrar, inspeccionó curioso el interior, frunciendo el ceño para enfocar la visión. Sabía dónde estaba el maletín, casi podía oler los fajos de dinero. Se volvió hacia el hombre y, con cara de haber sido buen niño, pidió otra ronda más.
Tuvo que aguantar algún que otro agarrón de culo mordiéndose el interior de las mejillas durante el trayecto, pero en aquel lugar iba siendo hora de pasar a la acción. El pez fuera del agua comenzaría a perder poder y consciencia.

Cassian se sentó en el enorme sofá beige que abarcaba gran parte del salón y esperó formal a que Hans volviese. Se había encargado de guardar bajo la manga morada un sobre con la dosis justa de 𝘙𝘰𝘩𝘱𝘺𝘯𝘰𝘭 para dormir a alguien de su complexión y edad, quizá causarle amnesia a posteriori, pero no matarle.

La 𝒓𝒆𝒊𝒏𝒂 no había pedido su cabeza en aquella misión así que el rubio se mantendría tranquilito. Relativamente.

El hombre dejó dos copas sobre la mesa e hizo ademán de sentarse cuando Cassian usó la voz.

— Oye... ¿podrías traerme un vaso de agua? —pidió, enarcando las cejas en un semblante apenado.

El abusador, sucumbiendo a los encantos alemanes, obedeció y fue hacia la cocina. Este aprovechó entonces la distracción y, en un movimiento ágil, vertió los polvos en la que no se adjudicaría como su copa. Para evitar posibles fallos en el esquema, pilló la respectiva y dio un sorbo. Uno de los últimos de la noche si había suerte.

— Tu agua. —comentó el hombre, sentándose a su lado y dejando sobre la mesa el vaso—. Pero antes, brindemos por una noche... íntima. Un secreto entre los dos.

Cassian levantó las cejas y asintió, fingiendo una sonrisa. Aproximó su recipiente de cristal al impropio, chocándolo, y bebió, otra vez, sin apartarle la mirada. Quería percatarse de todo. Nunca antes había drogado a nadie a voluntad y con mala intención, así que no quería perderse la expresión de un pedófilo ante que los párpados comenzasen a pesarle.

— Estoy... Creo que el alcohol me ha subido de más. —balbuceó Fleischer a los pocos minutos.

— Qué pena. —forzó una mueca triste, antes de soltar una risotada, casi maníaca—. De todas formas, creo que tú y yo no íbamos a encajar... —respondió burlesco y chulo, dejando a un lado aquella fachada inocente y tierna que había pintado especialmente para él.

— ¿Cómo? —entrecerró los ojos, confuso y adormilado.

— A ti te tiran más los de diecisiete y yo tengo veintitrés. —espetó poniéndose en pie. En la propia acción, levantó la pierna para meterle una patada en la boca y quedarse a gusto antes decer ciorarse de la inconsciencia en la que se había sumido—. Los tíos como tú no deberíais estar vivos, tienes suerte de que no me mandan aquí para eso. —añadió con desprecio, harto de aguantar sus miradas, comentarios y acercamientos durante la noche.

Le echó un escupitajo encima, con toda la saña, y salió de aquel habitáculo para, escurridizo, colarse en su habitación.
Si sus deducciones eran las correctas, la cruz del tesoro estaría bajo la cama. Se sentó por ello en el suelo y asomó la cabeza, vislumbrando en la sombra la figura del maletín. Tiró del mango y cuando lo tuvo entre sus piernas, comprobó que el dinero seguía intacto. Se mordió el labio victorioso, le brillaban los ojos ante las oportunidades que aquel papel verde podría abrirle.
Lo había conseguido, la peor parte había sido un éxito y, entonces, solo le quedaba huir audaz del lugar y saltar alguna valla sin ser visto.
Con maletín en mano volvió a la sala de estar. Fue hacia la puerta de salida, pero se detuvo ante un pensamiento que llevaba rondándole la psique desde hacía semanas, cuando el plan había empezado a pillar forma.

Era algo ajeno al team, su toque personal, su rosa de 𝒗𝒆𝒏𝒅𝒆𝒕𝒕𝒂.

Soltó el asa y volvió al sofá con parsimonia, palpándose un bolsillo mientras tarareaba para quitarse los nervios. En pie frente a aquel cerdo dormido, sonrió con maldad, algo ebrio.
Lo que estaba a punto de hacer era retorcido, pero a voluntad. Aquel día se había tomado la medicación, por lo que estaba considerablemente en sus cabales. Sin embargo, su sed de venganza era irrefrenable con seres deleznables como aquel.
Sacó la navaja de su pantalón elegante, percatándose de que era la primera vez que lo devolvería sin un rasguño, y rajó la camiseta del más mayor de arriba a abajo, descubriendo su pecho.

— Espero que no tengas mujer. —habló, como si le escuchase. Era más bien un desahogo personal—. Nadie merece estar con alguien así, ni siquiera yo. —continuó, serio, y se inclinó hacia él, clavándole superficialmente la punta del arma en el pectoral izquierdo—. Y si la tienes, me encargaré de que sepa con quién comparte cama.

Dicho aquello, trazó con el filo la palabra “𝐏𝐄𝐃𝐎́𝐅𝐈𝐋𝐎” en mayúsculas, de lateral a lateral. Aun si aquella herida encharcada en sangre llegaba a curar bien, la cicatriz le perseguiría de por vida.

Volvió a erguirse y dio una bocanada de aire contemplando la escena mientras procesaba lo que había ocurrido. Satisfecho con su trabajo, recuperó el maletín y desapareció sin dejar rastro.